viernes, 11 de agosto de 2017

Camila es el nombre que me dieron

en lo que va del tiempo fui católica agnóstica apóstata practicante de un curso de milagros
me acerqué al trotskismo al autonomismo al peronismo a la búsqueda gandhiana de la no violencia
creí en la medicina tradicional el psicoanálisis las flores de bach el reiki las constelaciones familiares la biodescodificación la bioneoroemoción el yoga
dejé y retomé las harinas y el azúcar
fui virgen hasta un rato antes el matrimonio que quise tener y después no
fui novia compañera amante célibe y touch and go
compartí el sexo con muchos hombres y a medias con una sola mujer
muchas menos veces hice el amor
o dejé que el amor se hiciera hiciera en mí y en otro
en mis conceptos no hay nada definitivo
pero pienso
en mis palabras tampoco
pero vienen
en cantidades
y las libero en las formas que les van naciendo
con qué ojos voy a mirar sino con los que tengo
cómo no voy a reirme de nosotros
de nuestra terquedad
de todas las ideas absurdas que sostenemos a diario
cómo no voy a vernos la grandeza
la consciencia
más allá del rollo
cómo voy a sentirme mejor o peor que cualquier persona
cuánto me puede importar lo pasajero
el cuerpo que mañana
-con suerte-
abonará la tierra
el dinero y el reconocimiento que van y vienen
las emociones que mutan de un momento a otro...
no me lavo los dientes por la noche
fumo incayuyo en una pipa de barro
duermo con hojas de malvón debajo de la almohada
tomo mate y ando en bici
tejo
escucho
y a veces rompo mis propias reglas
y a veces calumnio a mi propio ego
para ver si el amor me crece en el cemento como el yuyo en la laja


tenemos miedo
ahí
se acaba todo

para que empiece

C.

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